sábado, 30 de enero de 2016

Federico Cantú
El Libro de la Revolución

Cantú desarrollo un gran numero de variantes en torno a el libro de la Revolución
La idea  que giraba en torno a una escultura monumental , también se desarrollo en torno a un relieve mural que seria ejecutado en una de las grandes laderas de roca en Nuevo León , desafortunadamente la obra se quedo en proyecto



El cuerpo del artista, que según Arthur Miller tenía "la mórbida gracia de Botticelli", fue velado en una capilla distinta a las del IMSS, dependencia para la que elaboró en piedra chiluca su legendario emblema.

El pintor maldito, amigo de Vallejo y Barba-Jacob, y seguidor de Byron, Poe, Baudelaire y Rimbaud, se quedó con deseos de hacer murales en el Aula Magna y relieves en el Cerro del Obispado y en las pedreras del Cerro de las Mitras.

También del artista, cuya obra estuvo tan ligada al Estado, se quedó en el papel el boceto de un monumento a la Constitución del 17, así como los planes de un museo con su obra. Estos deseos, nacidos en la soledad de la historia que él mismo escribió, son parte de su sello y recuerdan las palabras de su amigo, José Alvarado.
"Cantú no es un solitario absoluto como Goitia. Sólo su pintura, como un rebelde, persistente afirmación a lo largo del tiempo, queda en la soledad. No es un hombre solitario. Es un pintor solitario".

En una entrevista, el Padre Aureliano Tapia, cronista de la Arquidiócesis de Monterrey, le preguntó a Federico el motivo por el que se consideraba un rebelde del arte.
El "Gran olvidado" respondió así: "Porque soy libre, porque amo la libertad. Porque no me doblo".




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