domingo, 3 de enero de 2016

Gonzalo Carrasco - en la Colección de Arte Cantú Y de Teresa






Otumba es un pequeño poblado incluido dentro del Estado de México
A lo largo de su historia ha sido  referencia histórica por la famosa batalla de Otumba que  fuera un enfrentamiento entre las fuerzas mexicas  y aliadas encabezadas por el cihuacóatl Matlatzincátzin y las de Hernán Cortés, entre las tradiciones de este pueblo también podemos reconocer sus tradicionales carreras de burros , existe un tercer hecho que la hace trascendente y es la vida y obra de uno de sus fieles hijo “El Padre Carrasco”

Gonzalo Carrasco Espinosa (Otumba, 18 de enero de 1859 - Puebla, 19 de enero de 1936) fue el único pintor jesuita mexicano nacido en el siglo XIX y activo en el siglo XX.1 Fue un destacado estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes entre 1877 y 1884, pero en 1884 ingresó a la Compañía de Jesús, lo cual le fue muy criticado en el siglo XX, por ejemplo por Justino Fernández, ya que consideró que su vocación religiosa eclipsó su vocación artística.

Carrasco Nació en el seno de la familia formada por don Vicente Carrasco y doña Ana María Espinosa el 18 de enero de 1859. Fue bautizado en la Parroquia de la Purísima Concepción en Otumba .
En 1876 Gonzalo ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes en la que fue un alumno destacado y distinguido con varios premios. Entre ellos en 1881 recibió el primer premio en el concurso de composición a color en la Exposición Nacional de Bellas Artes, con su cuadro Job en el estercolero. En 1883 fue premiado por el entonces presidente Porfirio Díaz en el concurso Bienal de Bellas Artes, por su obra San Luis en la peste de Roma.
Los historiadores de arte reconocen su trabajo como estudiante de la Academia de San Carlos donde fue alumno de Santiago Rebull, José Salomé Pina y José María Velasco. 

En enero de 1884 Gonzalo entró al noviciado de la Compañía de Jesús, ubicado en Michoacán y así empezó sus estudios eclesiásticos. En 1888 fue enviado a Saltillo para estudiar filosofía por tres años y después en 1891 recibió una beca para estudiar Teología en España en el Colegio de Oña; aprovechando su estancia en la península ibérica, los superiores de su orden lo enviaron a Madrid para que perfeccionara su arte. 
Durante los 52 años transcurridos entre su ingreso a la Compañía de Jesús y su muerte, Carrasco se dedicó principalmente al arte religioso que fue del gusto de sectores conservadores. Como pintor y decorador de iglesias se le contabilizan alrededor de 500 pinturas de caballete entre retratos y obras. Debido a los límites que tenía Carrasco como sacerdote, se puede encontrar la repetición de muchas de sus obras, pero en su paso por diversas iglesias se dedicó a restaurar, remodelar y pintar para lograr la mejora de cada una.

A su regreso a México, como religioso jesuita, en septiembre de 1895 participó en las tareas de embellecimiento de la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México y pintó El primer milagro de la Virgen.
Carrasco comenzó a tener cargos importantes, en Puebla en 1902 fue rector del Colegio Católico, en México en 1907 fue superior de la Iglesia de Santa Brígida. Uno de los cargos más importantes en su carrera jesuita lo recibió en 1912, durante la Revolución mexicana, cuando fue nombrado como rector del Colegio de Tepozotlán, sin embargo en 1914 fue invadido por tropas carrancistas. El padre Carrasco y otros cuatro sacerdotes fueron desalojados de la iglesia violentamente y puestos presos en Teloyucan, atormentados por el hambre durante 6 días.
Después de ser preso por el ejército carrancista se hizo amigo personal del jefe constitucionalista, e incluso le hizo un retrato que nunca poseyó Venustiano Carranza. Apresado por el general Francisco Coss, éste le ofrece llevarlo a México y nombrarlo director de la Escuela Nacional de Bellas Artes con la condición de que negara la fe cristiana y abandonara el sacerdocio pero Carrasco se negó rotundamente y los altos sectores eclesiásticos lo enviaron a Nueva York.





En Estados Unidos, Carrasco aprovechó para pintar y vender cuadros para procurar fondos para la Compañía de Jesús y ayudó a jóvenes jesuitas mexicanos que estaban de paso para ir a España, buscando refugio debido al agravamiento de la Revolución.
Cuando regresó a México en 1918 fue asignado al templo del Sagrado Corazón, donde pintó su primer mural. Después fue asignado al Templo de San Juan Nepomuceno en Saltillo, donde pintó cuatro cuadros de 5 metros cada uno y otros dos cuadros de 2.5 metros para decorar los muros del templo.






Los dos retratos que acompañan este texto son obras que ejecutara el Padre Carrasco por encargo en la época de Nueva York y que datan de 1917

Adolfo Cantú
Colección de Arte Cantú Y de Teresa


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